VARIOS CONCESIONARIOS DE LA ZONA INVOLUCRADOS EN UNA CARRERA ILEGAL DE HÍBRIDOS

Al parecer la carrera ilegal que dio lugar a las cuatro de la mañana de esta pasada noche se inicio por culpa de los tintos de una cena benéfica.

Juntaron a todos estos empresarios en la misma mesa para que hablaran de motores, negocios, etc. Y no se sintieran solos o aburridos.

Pero al parecer según comentan los camareros que también se animaron a la fiesta de después porque no se creían la discusión que estos estaban teniendo, un vino llevo a otro y otro tras otro y un no hay huevos llevo a otro y es que aquí cuando se menciona esa frase siempre se produce el mítico silencio de al menos veinte segundos, hasta que el mas mamao dice hay huevos y de los frescos.

Según el camarero allí mismo en la mesa uno a uno de los empresarios fue llamando a cada uno de sus trabajadores y les ordenaron que a las cuatro de la madrugada estuvieran en un punto específico de la lastra cada uno con un híbrido, que no se preocuparan que se llevaban un incentivo de los buenos o que si no los despedían.

La cosa se fue animando y tras cada llamada los jefazos tenían mas peticiones, un CD de los chichos, camela pa’ arriba y pa’ abajo, sácate un cd de scorpia, mira a ver si tienes un subwoofer por casa que lo petamos y hasta una bola de discoteca pidió uno.

La movida fue que a las cuatro de la mañana los camareros también nos presentamos a ver el pifostio que se había armado con el vino, y la verdad es que no tenía desperdicio, parecía una quedada tunning de las de antes hasta les habían puesto reflectantes y luces de obra a los coches porque en casa no tenían a mano neones con tanta rapidez, los jefazos se descojonaban de la risa diciendo que tenían que vender esos extras en el concesionario.

No sabemos cómo ni de qué manera empezaron las carreras, uno de los trabajadores saco un chaleco reflectante a modo de banderín y se lo dio a uno de los jefazos y tras el “listos, pum” y bajaba el brazo con el chaleco los coches salían como mucho a diez por hora y el primero al que se le encendiera el motor de gasolina perdía la apuesta y pagaba al contrario cincuenta euros.

Cuando se aburrieron de competir uno con otro y escuchar a los chichos, camela y todo el remix de música que traían, decidieron activar los botones de seguir al coche de delante y se fueron poniendo todos en fila uno tras de otro como mucho a diez con la música a toda pastilla, etc.

Al poco tiempo llegaron los agentes de la ley, flipaban con lo que estaban viendo, una carrera a diez por hora, no sabían exactamente si reír o llorar, les mandaban desconectar los botones de seguimiento y los jefazos los animaban a subirse también o a unirse a la caravana.

En total había mas de cincuenta coches uno tras otro y si nos es por la música ni se les oía.

Hasta aquí el fantástico testimonio del único camarero sobrio que pudimos encontrarnos.